

La magnetoencefalografía (MEG), una tecnología utilizada para estudiar la función cerebral e identificar las áreas enfermas del cerebro , aprovecha los campos magnéticos muy débiles que se crean cuando un grupo de neuronas despiertan a la vez. Sobre la cabeza del sujeto se coloca un casco, parecido a un secador de peluquería, pero con 306 sensores; el casco detecta dónde se producen los pulsos magnéticos. A diferencia de las maquinas de resonancia magnética nuclear (RMN), que sólo muestran las instantáneas de los datos y requieren que las personas se permanezcan quietas en el interior de túnel estrecho y ruidoso, mientras se someten a un potente campo magnético giratorio, la MEG es silenciosa y se realiza en un espacio abierto, permitiendo que los sujetos interactúen con el entorno. Los datos obtenidos pueden mostrar de forma precisa a los investigadores en qué parte del cerebro tiene lugar la actividad en tiempo real.
Para poder estudiar a bebés que estaban despiertos y ocupados con alguna actividad social, los investigadores del Institute for Learning and Brain Studies (Instituto para el aprendizaje y estudios cerebrales) de la Universidad de Washington, trabajaron con la compañía de dispositivos médicos Elekta, con sede en Helsinki, para crear un sistema de "posicionamiento de la cabeza" muy similar al GPS. Los científicos colocan un suave gorro de nylon en la cabeza del bebé. El gorro tiene cuatro bobinas incrustadas y cada una de ellas emite una longitud de onda de alta frecuencia que indica su posición relativa en todo momento. A medida que el sistema de hardware detecta el movimiento de la cabeza, el software